Hemos empezado ya el colegio, todos los niños han vuelto a clase, y es momento de comenzar las actividades extraescolares. En muchos casos son elegidas por el niño, siendo posteriormente utilizadas por los padres como arma para conseguir mejorar los resultados académicos de sus hijos. Estamos ante una situación de ¿motivación o chantaje? hacia nuestro hijo.
Más allá de los tipos de actividades que en cada zona hay ofertadas, y más allá también de la obligatoriedad de algunos niños en ciertas clases a las que preferirían no asistir, quiero centrarme en el hecho en sí de su utilización por los padres para motivar a sus hijos en otras áreas.
Para mí es fundamental que mi hijo tenga su espacio de recreo, más ahora que comienza una nueva etapa mucho más dura en el colegio, y parte de ese ocio es la actividad extraescolar que él ha elegido. Personalmente opino que estas actividades las tiene que elegir el niño, aunque a los padres no nos agraden del todo su elección y prefiramos un idioma o algún tipo de refuerzo escolar, que curiosamente nunca se utilice como medida manipulativa, a esta clases se va siempre.
Pero lo que en mi opinión se está generalizando mucho es la moneda de cambio en la que se convierte la actividad, especialmente la que le gusta al niño. Se amenaza al peque con no ir a su clase, que para él sería de recreo y diversión, si no cumple con su horario escolar, con su esfuerzo en clase, con las notas que a nosotros nos gustaría que tuviesen, ...
Ahora es común escuchar a los padres hablar de “pactos“ con sus hijos, como que si no hace los deberes a tiempo se perderá su clase de …, o si se porta mal en el colegio también se le castigará sin asistir a la misma, incluso si tienen exámenes al día siguiente, esa tarde no podrán asistir a su actividad porque tendrá que estudiar, que al fin y al cabo es lo más importante. Olvidando muchas veces las recomendaciones generales de los expertos que nos dicen lo importante de hacer descansos durante el estudio, ¿qué mejor descanso que asistir a una actividad que les encanta y les quita tensión?
Pero nos olvidamos por el camino de la presión que están soportando, sobre todo porque pretendemos manipular algo que para ellos es tan vital como el comer, jugar. La gran mayoría de actividades suelen ser deportivas, cosa que a los niños les encanta, jugar al futbol, al baloncesto, al tenis, dar clases de baile, kárate,... son maneras de evadirse un poco de la rutina semanal, y los adultos manejamos este divertimento a nuestro antojo.
Quizá muchas personas no se den cuenta de la importancia que tiene el descanso mental para todos, pensamos que lo importante es tener una buena disciplina a la hora de estudiar y creamos un horario a nuestros hijos pasando por encima de sus necesidades personales. Si es cierto que lo mejor es quitarse los deberes a primera hora y luego disfrutar de toda una tarde libre o, en el caso que nos ocupa, realizar toda la tarea para poder ir a la clase que realmente nos gusta, pero es algo que tendrá que aprender poco a poco.
Indudablemente adquirir ese hábito es lo mejor para todos, para ellos porque ya pueden relajarse por fin, y para nosotros porque no nos vemos hasta altas horas de la noche con los deberes de turno por hacer. Pero no es fácil para ellos, que suelen venir ya desbordados de las aulas y encima vienen cargados con tarea extra para casa, este tema lo trataremos en otro artículo porque también es para analizarlo profundamente.
Ahora bien, personalmente opino que nunca se debería condicionar al niño con las actividades extraescolares que él elige. Habría que separ muy bien una cosa de la otra, puesto que es la mejor vía de relajación y de desahogo que disponen. Es como si a nosotros, después de un duro día de trabajo, no se nos permitiese ir al gimnasio, a correr o, sencillamente, a tomar algo con los amigos. Se que las comparaciones suelen ser odiosas, pero en el fondo es lo mismo. No creo que alguien admitiese que su jefe chantajease de ese modo nuestra vida, si no terminas el trabajo a tiempo no podrás ir a tu clase de pilates, sería un poco absurdo ¿verdad?, puesto que esa clase precisamente en la que te da serenidad para afrontar el día a día en el trabajo.
El caso de los niños no es muy diferente, pretendemos privarles de un momento importante para ellos solo por el mero hecho de no cumplir nuestras espectativas. Crear una rutina lleva su tiempo, ayudarles directamente es la manera más fácil y rápida de conseguirlo, que ellos vean el resultado de cada una de sus acciones de manera clara es lo mejor. Es decir, si no le ha dado tiempo a terminar la tarea antes de su clase favorita, pues deberá acabarla al salir de ésta, por lo que quizá no se podrá quedar a jugar un ratito con sus amigos, al salir de la actividad claro, quizá el próximo día intente terminar antes su tarea para poder tener el resto de la tarde libre, sin rabietas, sin enfados y sin presiones.
Pensemos siempre en como se sienten, como ha sido su día, de que manera podemos canalizar su energía si les privamos de esa manera de desfogue, y luego analicemos profundamente ¿es una actividad extraescolar un premio o un castigo? Para mí está claro, motivar a mi hijo para que se esfuerce en el colegio, o termine sus tareas en casa, no pasa por chantajearle con dejarle o no ir a sus actividades extraescolares o jugar en el parque con sus amigos.
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Imagen | Rafel Bennasar